Entre los factores de riesgo
que aumentan la probabilidad de cometer actos suicidas se encuentran: pobreza,
desempleo o familiares; antecedente familiar de suicidio, maltrato en la
infancia, aislamiento o exclusión social, abuso de alcohol o estupefacientes,
trastornos psiquiátricos como depresión o esquizofrenia; además de enfermedades
orgánicas y dolor discapacitante.
La depresión puede tener importantes consecuencias sociales y
personales, desde la incapacidad laboral hasta el suicidio. Desde la biopsiquiatría, a través de un enfoque farmacológico, se propone el
uso de antidepresivos. Sin embargo,
los antidepresivos sólo han demostrado ser especialmente eficaces en depresión
mayor/grave (en el sentido clínico del término, no coloquial).
DROGAS Y ALCOHOL
Los adolescentes que tienen problemas con el
alcohol y con las drogas también corren más riesgo de tener ideas y
comportamientos suicidas. El alcohol y algunas otras drogas tienen efectos
depresivos sobre el cerebro. El mal uso de estas sustancias puede desencadenar
una depresión grave. Esto es especialmente cierto para algunos adolescentes que
ya eran proclives a la depresión por su biología, antecedentes familiares u
otros factores estresantes.
El problema se puede agravar porque muchas personas
deprimidas se refugian en las drogas y el alcohol, sustancias que utilizan como
vía de escape. Pero no son conscientes de que los efectos depresivos que las
drogas y el alcohol tienen sobre el cerebro, de hecho, pueden exacerbarles la
depresión a largo plazo.
Aparte de tener efectos depresivos, las drogas y el
alcohol alteran la capacidad de raciocinio de la persona. Interfieren con su
capacidad de valorar los riesgos, hacer buenas elecciones y pensar en
soluciones sensatas a los problemas reales. Muchos intentos de suicidio ocurren
bajo los efectos de las drogas o el alcohol.
Por descontado, esto no implica que cualquier
persona que esté deprimida o tenga problemas con las drogas o el alcohol
intentará quitarse la vida. Pero estos trastornos —sobre todo cuando se dan
conjuntamenteaumentan el riesgo de suicidio.
A las acostumbradas controversias acerca de la
caída de los jóvenes en excesos a raíz del alcohol o drogas, se debe agregar la
preocupación por los suicidios o intentos de suicido de muchísimos jóvenes
argentinos. Y también la delincuencia juvenil, cada vez más juvenil y más
violenta.
“Lo que vemos en estos jóvenes es una actitud muy
autodestructiva, un terrible desprecio por la propia vida. Carecen de expectativas,
de proyecto de vida, hay muchísimo alcoholismo y drogadiccion, y no
sólo entre los jóvenes.
FAMILIA
Quienes escuchan al deprimido hablar sobre ideas de muerte tratan de eludir el tema, en la creencia de que tratar de las ideas de suicidio pudiera conducir a provocarlo, o hacer que le parezca al deprimido una idea aceptable.
En realidad hablar abiertamente del tema puede representar un alivio para el depresivo, y da una oportunidad a quienes le tratan de ayudar de conocer el grado de fuerza que tienen tales ideas y la ocasión de clarificar objetivamente la situación.
Quien conocen de cerca un intento de suicidio se sorprenden de que el deprimido haya podido ir tan lejos. Resulta difícil comprender las razones que conducen a una persona a no tener deseos de vivir.
La percepción objetiva de quien esta sano y la de un deprimido son muy distintas. Los allegados de quien ha intentado un suicidio suelen comentar parecía que estaba mejor, precisamente los días anteriores parecía más sereno. Estas percepciones resultan engañosas, bien sea porque el deprimido ha sabido disimular bien sus propósitos o porque las personas que le rodean no se dan cuenta, o no dan importancia a las ideas de suicidio. La aparente mejoría refleja sin embargo que el deprimido ha tomado una determinación fatal, encontrando una salida a sus angustiadas dudas.
Las ideas de muerte y suicidio, que en el curso de una depresión pueden aparecer a raíz de cualquier acontecimiento desagradable, son un indicio del grado de desesperación que tiene el deprimido. Conviene que, si no esta realizando una psicoterapia, se acuda a un profesional especializado que ayude a controlar el riesgo de suicidio y que proporcione recursos de mejora, o si ya está realizando un tratamiento psicológico, entrar en contrato estrecho con el profesional para coordinar acciones conjuntas.
Las personas que conviven con él deben prestar mayor atención y ayuda, independientemente de las ideas suicidas sean serias o un intento de manipular (está de sobra justificado ayudar seriamente a una persona cuyos sufrimientos le hacen pensar en el deseo de morir).
INFANCIA
Hemos escuchado que en últimas
fechas cada vez es más baja la edad en que adolescentes toman esta
drástica decisión, una de ellas se le atribuye al bullying, palabra
inglesa que significa intimidación.
Hay varios tipos de acoso, que puede aparecer en forma
simultánea o aislada:
Físico. que
son golpes, empujones, agresiones hacia la persona.
Verbal. Insultos, apodos, anulación de la
persona, menosprecios, ridiculizaciones en público, resaltar algún defecto
físico, etc.
Psicológico. como resultado de anular a la persona
en público, viene una baja autoestima, y empieza a sentir temor, es un tipo que
utiliza las emociones para invalidar más a la víctima.
Social. donde el que sufre el acoso,
empieza a aislarse de su grupo social o familiar, de trabajo o escolar. Este en
ocasiones se realiza al difundir por mensajitos al teléfono o en las redes
sociales los mensajes difamadores o bien agresiones directas a la víctima,
donde vemos que recibe en su celular o por mail insistentemente mensajes
intimidantes.
Lugares donde se da el maltrato:
Familia.- Durante los primeros años se
forma la personalidad del niño y es dentro de la familia
donde se va dando esta formación y donde se aprenden las
maneras de reaccionar hacia los demás, son modelos de comportamiento que se
tienden a imitar. Si en la familia existe este tipo de violencia, tanto física,
verbal o psicológica, el niño aprende como debe comportarse con los demás
y cuando ha sido una víctima, lo más probable es que se vuelva
un agresor pues es la único comportamiento que conoce, no tiene más modelos.
Escuela.- A veces hay algunos
compañeros escolares que tienen menos recursos para defenderse de los
“grupitos” que se forman y es ahí donde empieza el problema. En otras
ocasiones las maestras “clasifican” a los niños: los que si aprovechan, quienes
se llevaran todos los elogios y los “distraídos o flojos” quienes se llevan las
críticas y los rechazos, y por consiguiente son mas ignorados, no les permite
participar en las situaciones comunes o favorecedoras y se sienten
discriminados. A veces como padres no le creemos al hijo que se saco una mala
calificación, cuando nos dice: “es que le caigo mal al maestro, ya me trae de
encargo”.
Medios de comunicación.-
A veces cuando no se tiene una buena autoestima, se “adopta” de la
televisión la idea que el fuerte es el que agrade a los demás, y
desgraciadamente en muchos programas el agresor es el alto el fuerte y el bien
parecido, modelo ideal que pueden tomar algunos niños que no han sido bien
valorados.
Los Testigos- Desgraciadamente la gente que
está alrededor se vuelven testigos mudos, que no hacen nada y por lo mismo
permiten que sucedan las agresiones. Se vuelven cómplices estar ahí
y no hacer nada es aprobar la agresividad.
ABUSO SEXUAL
El estudio del abuso sexual, junto con el de la problemática suicida, es bastante nuevo. Sin embargo, estos fenómenos han ido convirtiéndose en objeto de preocupación, posiblemente porque su “aparición” en fechas relativamente recientes ha demostrado el ocultamiento que por mucho tiempo persistió en ambos. Aun cuando no hay una gran cantidad de bibliografía sobre la asociación entre estos problemas, hay pruebas de que el abuso sexual puede estar relacionado con el intento suicida en los adolescentes. Como por definición el abuso sexual es perpetrado en la niñez, éste podría considerarse como un factor de riesgo para intentar suicidarse, por lo que su prevención también podría disminuir significativamente la conducta suicida.
Tanto el abuso sexual como el intento suicida pueden afectar el estado de salud mental de quien los ha experimentado. Este trabajo pretende explorar el traslape que hay entre el abuso sexual y el intento suicida, así como su asociación con el malestar depresivo y la ideación suicida actuales en los adolescentes de secundaria.
Se define como "cualquier hecho en el que se involucra una actividad sexual inapropiada para la edad de la/el menor, se le pide que guarde el secreto sobre dicha actividad y/o se le hace
percibir que si lo relata provocará algo malo a sí mismo, al perpetrador y/o a la familia (...). Este tipo de experiencias son consideradas extrañas y desagradables para la/el menor."
En su gran mayoría este abuso es perpetrado por sus familiares y, en general, las niñas corren alrededor del doble de riesgo que los niños de que abusen sexualmente de ellas en la infancia, y a menor edad.
Las estadísticas disponibles en México son escasas y no necesariamente reflejan la realidad. Esto se debe al deficiente sistema de registro, y a que muchos actos de abuso sexual no son denunciados ni por la víctima ni por los testigos por desconocimiento, culpa, vergüenza o por estigmas sociales, morales o religiosos. Peor aún, parecen temer que los impartidores de servicios asistenciales o de justicia también abusen de ellas.
Abuso sexual e intento suicida
El abuso sexual está asociado con una gran cantidad de problemas de salud mental en la adolescencia.
Si se consideran las diferencias entre los dos sexos, destaca que en las mujeres se han reportado como efectos a largo plazo del abuso sexual infantil problemas tales como el trastorno por estrés postraumático, la depresión, la ideación y el intento suicida, la insensibilidad emocional, dolores de cabeza, trastornos gastroinstestinales, disfunciones sexuales, dependencia del alcohol o de las drogas, victimización sexual posterior y maltrato por parte de la pareja, entre otros.
En los hombres hay menos estudios al respecto y los resultados son poco congruentes; sin embargo, se han encontrado, entre otros efectos, la sensibilidad interpersonal, la ansiedad fóbica, la depresión y la obsesión-compulsión, así como baja autoestima, ideación e intento suicidas y el abuso de sustancias.
Por la posible relación entre el abuso sexual y el intento suicida que documenta la literatura internacional, y la presencia de estas problemáticas en la población adolescente estudiantil de nuestro país, resulta fundamental conocer no sólo su perfil epidemiológico, sino también sus características para orientar los esfuerzos para prevenirlos. No basta con detectar la asociación entre el abuso sexual y el intento suicida, que pudieron haber experimentado los adolescentes, sino que resulta imperativo evaluar su impacto sobre el estado emocional actual, en particular en términos del malestar depresivo y la ideación suicida, ya que dichos acontecimientos pueden ser factores de riesgo emocional a corto y a largo plazo para desarrollar otros problemas de salud mental.
Los objetivos del presente artículo son los siguientes:
a) Identificar en las mujeres y en los hombres de secundaria, el porcentaje del abuso sexual y su traslape con el hecho de haber intentado suicidarse alguna vez en la vida.
b) Identificar en las mujeres y en los hombres que estudian secundaria el porcentaje de ellos que
reporta actualmente malestar depresivo e ideación suicida.
c) Comparar en las mujeres y en los hombres de secundaria el porcentaje de malestar depresivo y
de ideación suicida actuales de los que reportan y de los que no reportan haber sido víctimas de abuso sexual o haber intentado suicidarse.
(VICTIMAS DE VIOLACIÓN)
Se reveló que las víctimas de violación tienen 9 veces más probabilidades de intentar suicidarse y de padecer depresión grave, que quienes no han sido víctimas.
El sueño es que haya una mejor atención para las víctimas de la violencia sexual, que aquellas personas que lleguen a un centro de salud, de cualquier sitio del país, y poder tener una atención humanizada, una atención que no revictimicen a esa persona, que se ofrezcan servicios médicos psicológicos y una orientación hacía el sector judicial de calidad y que no se revictimice.
"Entre un 50 y 60 por ciento de las víctimas de violación padecen de trastornos sexuales, incluido el temor a las relaciones sexuales durante buena parte de sus vidas".
Entre una a dos de cada 10 mujeres han sido víctimas de la violencia sexual.
El sueño es que haya una mejor atención para las víctimas de la violencia sexual, que aquellas personas que lleguen a un centro de salud, de cualquier sitio del país, y poder tener una atención humanizada, una atención que no revictimicen a esa persona, que se ofrezcan servicios médicos psicológicos y una orientación hacía el sector judicial de calidad y que no se revictimice.


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